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 El mes de enero es sinónimo de tradición en la Comarca del Bajo Aragón. Los primeros días del año saben a fiesta y huelen a   fuego. El chisporroteo de las hogueras se mezcla con las bendiciones, los dichos o los cantos, las subastas y la carne recién   hecha... Las fiestas de invierno se celebran en nombre de San Antón, San Sebastián, San Valero, Santa Águeda, San Blas o   San Pablo, a quiénes el cristianismo ha erigido como protagonistas de lo que algunos defienden como reminiscencias de   antiquísimas prácticas por el solsticio de invierno o rituales purificadores ante el mal y el pecado.

 Frente al frío invernal, el fuego se presenta como un elemento rompedor que da luz cuando el Sol brilla menos horas, que   protege con su calor cuando más frío hace o emerge como elemento renovador al empezar otra etapa. De las cenizas, se   asegura, siempre emerge algo nuevo. Estamos ante los retos de otro año completo y la luz comienza a abrirse paso sobre las   tinieblas, anunciando una prometedora primavera.

 

 Las hogueras

 En la mayor parte de las 20 poblaciones que conforman la comarca del Bajo Aragón se encienden hogueras. Y cada una   de ellas establece un sistema para alimentar la pira. O bien es trabajo comunal para una mañana de convivencia o una práctica   extendida en el tiempo en la que colaboran todos los vecinos. En Valdealgorfa o Calanda la construcción corre a cargo de los   quintos, que cada año se esmeran por construir algo más espectacular. En La Mata de los Olmos los cofrades, elegidos de   fiesta en fiesta, deben acarrear la leña. Hay hogueras más o menos esmeradas pero, al final, todas cumplen la misión de   iluminar la noche, dar calor y, en la mayoría de los casos, servir de brasero para la cena.

 De entre todas las hogueras destaca una para la que se utiliza el apelativo de “monumental”. La de San Sebastián en   Castelserás es todo un desafío en su ejecución, siempre cerca de los 20 metros de altura y los 14 metros de diámetro   en  la recogida plaza de España. El montaje es todo un ritual que comienza días antes, colocando el tronco de álamo que le   servirá de base. Cuando el ritual purificador comienza, en el momento más emocionante de las fiestas patronales, las llamas de   la monumental escapan por encima de los tejados de la población y el público se ve obligado a echarse unos metros hacia atrás   para aguantar el calor. Mientras, un par de valientes se atreven a rodearla bailando el típico “Rodat”. Es sencillamente   espectacular, un momento declarado Fiesta de Interés Turístico de Aragón.

 

  La mochiganga y otros romances

 Junto al fuego, otros elementos convierten a las fiestas de invierno de la Comarca del Bajo Aragón en manifestaciones   únicas. Durante mucho tiempo, las distintas celebraciones fueron el marco de cantos, pastoradas y romances       especiales. Desgraciadamente, muchas de esas prácticas ya han desaparecido. Es el caso de las Tentaciones de San Antón,   en Aguaviva, o “La cadena de oro” en La Codoñera. En La Ginebrosa, sin embargo, todavía se representa “La Sanantonada”.   Cada dos años, los vecinos teatralizan la vida del Santo.

 En Castelserás, los rosarieros cantan las “Completas” y el himno de San Sebastián poco antes de encender la monumental   hoguera. También hay completas en Torrecilla de Alcañiz durante la víspera de San Blas o día de la Candelera. A los que   cantan allí se les llama “despertadores”, porque sus intervenciones más esperadas ocurren al amanecer. En la mañana de San   Blas, cuando de la hoguera encendida la noche anterior solo quedan rescoldos, recorren las calles recitando sus cantos acompañados por salvas de escopetas.

En algún caso los versos han servido para repasar la vida de la comunidad a modo de catarsis. Se hace de forma pública y a la salida de misa, comentando con humor lo acontecido durante el año anterior mediante cierta crítica a las instituciones y chascarrillos jocosos sobre los particulares. El mejor ejemplo de esa costumbre continúa aún hoy en Mas de las Matas.

Es el momento cumbre de las fiestas de San Antonio y San Sebastián. Todos los vecinos de Mas de las Matas salen a la calle para escuchar la conocida “Mochiganga”. Uno de ellos sube a un remolque para declamar una serie de versos que repasan, con medida sorna, lo ocurrido durante el año anterior. Tanto en la esfera pública como en la privada, cualquiera puede ser objeto de uno de esos versos si ha protagonizado algún tema de interés para los masinos.

Las mozas viejas del pueblo

hoy salen engalanadas

que viene a buscarse novia

el cortante de Las Parras”

El pan bendito

Mientras ríen con la mochiganga, los masinos guardan en sus bolsos o en sus bolsillos varias piezas del solicitado pan bendito. Se ha repartido poco antes, tras haber desfilado en procesión junto a las imágenes de San Antón y San Sebastián. Es creencia popular que su consumo resulta muy recomendable si se quiere tener un buen año. Por eso, muchos se guardan unas piezas para repartirlas entre sus seres queridos ausentes.

La tradición del reparto de pan bendito estaba muy extendida durante las fiestas de invierno. Y algunas poblaciones siguen dándole hoy la importancia que ha tenido siempre. Igual que en Mas de las Matas, en La Codoñera o en Castelserás las mujeres ataviadas con el traje regional portando las bandejas de pan bendito siguen siendo un elemento fundamental de la fiesta de San Antón. En La Mata de los Olmos, Los Olmos, Alcorisa o Torrecilla de Alcañiz, el pan bendito se reparte por Santa Águeda.

Santa Águeda

En realidad, en la festividad de las mujeres, más que el pan o el bizcocho lo que más se bendice en el territorio son las tradicionales “tetas”. Los pasteles de merengue o nata con la forma del miembro que le fue seccionado a la Santa durante el martirio forman parte de no pocas celebraciones, con la habitual bendición y el desfile en procesión.

En La Cañada de Verich, Santa Águeda se celebra a lo grande, con las mujeres vestidas con los trajes tradicionales para salir en procesión. Hay cantos especiales y encienden hoguera. El fuego también aparece en Berge o La Cerollera, donde la hoguera de las mujeres rivaliza con la de San Antón. En Torrevelilla las mujeres toman simbólicamente el poder municipal y eligen “alcaldesa por un día” para dirigir la misa, la procesión, el reparto del pan bendito y la imprescindible comida de hermandad.

Llegas y subastas

¿Y cómo se sufragan las fiestas? Esta era una preocupación muy presente entre los antepasados. Por eso, en muchas poblaciones del Bajo Aragón y generalmente por San Antón, se ideó un sistema para sufragar los gastos a través de los propios vecinos. Se trata de la llega y la manda, nombres que definen los actos de recoger todo tipo de objetos en las casas particulares y su posterior subasta para conseguir dinero en efectivo.

Solo en La Mata de los Olmos se mantiene aún la tradición de recorrer las calles de la localidad llamando de puerta a puerta y recogiendo los donativos de la gente acompañados por músicos. Por la tarde llega el momento de ofertar lo recogido, generalmente productos de comer y de beber, en una animada subasta para todos los vecinos. Esta subasta o manda también forma parte de los actos de las fiestas de San Antonio en Mas de las Matas, aunque aquí los vecinos se encargan de dejar sus productos previamente en la Iglesia. En Berge la manda de San Antón, entendida como la conversión en dinero de los donativos de los vecinos, se hace en forma de gran rifa.

 

 

 

 

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